December del 2007

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Aprender o saturarse de inglés.

Cuando pienso en lo que le pasó a Brenda agradezco en el fondo que siempre haya tenido una buena relación con los idiomas. Bueno, no una perfecta relación como ya se habrán dado cuenta, pero al menos tuve suerte de contar con una u otra persona que me inspiró un poco.

 

 El caso es que, a veces aprender un idioma puede convertirse en una pesadilla completa. Sobre todo cuando es algo que uno cree que ‘todos saben, ‘que todos aprenden’, ‘que todos deben saber’.

 

Y, por supuesto, el inglés es uno de esos idiomas que está hasta en la sopa, lo cual provoca que lo asociemos con una suerte de obligaciones que debemos cumplir al aprender esta lengua, o al menos, al tratar de pretender que la estamos aprendiendo.

 

Pues bueno, Brenda es una amiga de infancia, apenas un año y medio mayor que yo, ella está estudiando historia en la universidad, pero, para variar, tampoco tuvo una buena experiencia escolar con el inglés, de modo que al entrar a la universidad estuvo batallando siempre entre los cursos y algunas lecturas en este idioma tan famoso ahora.

 

Claro que, debido a que ella trabajaba y estudiaba, nunca tuvo tiempo para tomar clases de inglés o atisbar por algún historial gratis. De hecho, es la persona más ocupada que conozco y eso que tiene veintisiete años…

 

En fin, después de algunos años pagando para que le tradujeran algunas lecturas, por fin tuvo tiempo para tomar unos cursos de inglés. Claro que además de esto seguía en la universidad y trabajaba a medio tiempo.

 

Como se pueden imaginar esto no iba a terminar nada bien. Luego de unos meses en el curso superintensivo  de inglés, levantarse temprano para el trabajo de medio tiempo y las clases en las tardes, simplemente tuvo una crisis nerviosa.

 

Según lo que me dijeron tuvo un surmenage, que aunque no entienda exactamente qué significa, pues supongo que tiene que ver con quedarte algo catatónico. Brenda estuvo una semana sin poder levantarse de la cama, mejor dicho un día y medio, pero el doctor le recomendó reposo por el resto de la semana. Al parecer la crisis se había desencadenado cuando recibió sus notas de inglés.

 

Brenda está acostumbrada a tener buenas notas pero al parecer la triple exigencia no le permitió acostumbrarse al curso intensivo de idiomas, lo cual se tradujo en un crisis –no sé si llamarle depresión realmente- .

 

Luego de conversarlo con ella algún tiempo después, llegó a la conclusión de que en sí, el inglés no era el problema para ella, sino más bien el modo en que se lo había planeado aprender. Pensaba que a más horas de exigencia aprendía más rápido, lo cual no es necesariamente cierto. La mejor forma de aprender es estando relajado y con ganas de hacerlo, no tiene sentido esforzarse demasiado si sabes que puede ser malo para ti.

 Y eso es lo que pasa a veces con cursos como el inglés donde la gente se genera tenciones sin sentido. En todo caso, uno debe estar consciente de que aprender idiomas no es una carrera contra el tiempo, es algo que se debe hacer correctamente.  

Escrito por gaetano el 28 de December de 2007 con 0 comentarios
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Aprender idiomas: la elección que siempre cuenta.

Ya llevo un buen tiempo con esto de querer estudiar otra lengua y la verdad hasta ahora no me decido por cual.

 

Lo que pasa es que, a parte del inglés que ya aprendí, cuando comienzo a buscar otros idiomas que me llamen la atención me voy a los dos extremos.

 

O no me interesa ninguno o todos son demasiado interesantes. En todo caso creo que ya renuncié a estudiar el chino mandarín, prefiero tratar primero de aprender las lenguas emparentadas a mi idioma materno que a enfrentar un lenguaje totalmente desconocido.

 

Quién sabe, quizá algún día me entre la locura y me inscriba en un curso de chino pero no es el caso. Y ya que hablamos de oriente, pues ya deserté también, por ahora, de estudiar coreano y japonés… a y por cierto, del ruso, aunque no sea de oriente.

 

Por ahora estoy queriendo decidir entre el italiano, el francés y el portugués. Del primero puedo decir que siento que se parece mucho al español, recuerdo que hace unos años vino una estudiante de intercambio a la universidad, justo a mi aula, era una chica italiana que hablaba de una manera hermosa, es más me quedé prendado  más de la forma en que hablaba el italiano (y el español) que de ella.

 

Sobre el francés, siempre me ha interesado debido a que soy aficionado a las películas de la nouvelle vague, me gusta mucho como hablan el francés en las películas y, claro, siempre termino asociándolo a los poetas clásicos de esa nación.

 

Del portugués no tengo mucho que decir, salvo que cuando viajé a Portugal el año pasado, lo hice pensando que este idioma era ‘parecido’ al español y que no tendría problemas para entenderlo –al menos eso me dijeron unas amigas-. Fue un craso error porque no entendía nada, aunque eso no hizo que desperdiciara mis vacaciones, la pasé muy bien.  

 

De estas tres opciones creo que voy entre el italiano y el francés, además, como soy aficionado a los viajes, pienso que después de unos cursos de idiomas al modo ‘normal’ voy a hacer un viaje de inmersión lingüística.

 

Me encantan estos viajes, creo que ya lo dije antes, sobre todo cuando te da la oportunidad de viajar a un lugar y vivir en este, que es diferente a ser un simple turista, te sientes menos dependiente de los guías y además, dejas de sentirte inválido por no conocer la lengua.

 

Ahora, creo que Italia tiene muchas cosas divertidas qué ofrecer, aunque, más que divertidas serían hermosas, porque basta ver fotos para darse cuenta de las maravillas que poseen. La amiga de mi mamá se casó hace cuatro años con un italiano y está viviendo en Torino, creo que es un pueblo en Milán, y las fotos que manda te hacen dar ganas de comprarte una casita en una villa italiana y pasar ahí tu vida en un estado de contemplación (o criando abejas como Sherlock Holmes).

 Pero bueno, veamos cómo va mi humor y qué idioma termino por escoger.

Escrito por gaetano el 21 de December de 2007 con 0 comentarios
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Los viajes de estudios, cómo aprender inglés y no estar aburrido.

A veces me molesta esa exigencia y demanda que piden en las clases de inglés. Es decir, no sólo esperan que prestes atención a clases, que hagas las tareas y participes, sino que también te exigen que hables todo el tiempo en inglés y que practiques por tu cuenta en casa.
Bueno, ahora que ya han pasado varios años creo que ese discurso de instituto de idiomas era cierto. Esto es, que para aprender cualquier cosa, y hacerlo bien, uno debe practicar constantemente. Sin embargo a mis dieciséis años no me interesaba ser el hazmerreír de las clases de inglés hablando mal el idioma, ni perder mi tiempo practicando cuando podía salir a pasear con mis amigas. Y mucho menos me interesaba eso de tratar de conversar en inglés en el aula, si algo o alguien me interesaba, me las arreglaba para conversar en español en voz baja.
Claro que, estos defectos, el miedo al ridículo, la pereza y el poco interés por un tema, fueron y serán las principales taras a la hora de enfrentarse a una clase de idiomas. En mi caso, tuve la suerte de tener una profesora bastante estricta pero amable -dentro de todo- que se esforzó en que todos sus alumnos nos esforzáramos.
Y por esto es que debo el hecho de que cuando ya estaba en el curso intermedio esta misma profesora me sugiriera que tratar de llevar un curso de inmersión lingüística. Al principio creía que se trataba de un tema aburrido pero cuando supe que significaba ‘viajar’, cambié de opinión.
Lo que pasa es que la inmersión lingüística es súper interesante y divertida, al menos lo fue para mí, además que realmente hizo maravillas por mi inglés.
Es que cuando te vas a un país donde hablan solo inglés, la verdad es que no te queda otra cosa que hablar el idioma. Y a mí me sirvió de mucho porque ya no tenía la posibilidad de usar el español cuando quería, sino que, si realmente deseaba conversar, lo que fuera, con una persona, obligadamente debía hablar en inglés.
Por eso las excusas de antes, que usaba en el instituto, no me servían porque tenía que usar el idioma las veinticuatro horas al día. Terminaban las clases y si quería conversar con mis compañeros, tenía que usar el inglés. Si quería movilízame por la ciudad era igual, si quería preguntar la hora lo mismo, hasta para hacer un chiste había que usar el idioma.
Aunque al comienzo esto realmente me incomodó y hasta me desesperó, con el paso de los días y las semanas se fue volviendo una rutina normal. Además, como yo estaba viviendo con una familia, eso me ayudaba mucho más. Además, la verdad es que te diviertes más en estos viajes, no sientes la presión al fin y al cabo, porque terminas por acostumbrarte al medio y ahí pierdes el miedo y la vergüenza.
Y claro, lo mejor todo, es que no hay padres que te digan lo que tienes que hacer, te la pasas con los amigos yendo y haciendo lo que quieras, yo, al menos, la pasé súper.

Escrito por gaetano el 20 de December de 2007 con 0 comentarios
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Viajes lingüísticos, aprender idiomas y conocer personas.

Una de las cosas que más atrae de hacer un viaje es la oportunidad de alejarse de la vida cotidiana y conocer un nuevo lugar que brinde el confort que alguien no suele tener en su ajetreada vida diaria.

Sin embargo, suele suceder que los viajes de vacaciones suelen ser menos descansados que quedarse en la ciudad, incluso, cuando viajamos a un lugar nuevo con expectativas de conocer nuevas cosas y personas, estamos limitados por el idioma y el desconocimiento general de cómo movernos en un contexto diferente.

Los viajes lingüísticos proponen una experiencia, en apariencia, semejante a un viaje normal, pero que en la práctica resultan ser mucho más enriquecedores que un simple viaje turístico.

Es obvio que hay una diferencia sustancial entre un viaje normal y uno lingüístico, la clave reside en la palabra ‘aprender idiomas’, puesto que en la inmersión lingüística uno se propone hacer un curso intensivo para aprender la lengua que se ha seleccionado.

Lo bueno de esta experiencia está en que lo que se suele aprender en un año en una clase común, se aprende en tan solo meses. Obviamente esto se debe a la forma en que está proyectado el curso, si bien las clases duran unas cuantas horas uno está aprendiendo las veinticuatro horas del día, ya que se está conviviendo en un contexto idiomático específico en el cual no se puede hablar la lengua materna y la única forma de comunicarse es en el idioma que se quiere aprender.

Por otro lado, y a diferencia de un viaje ordinario, uno está en constante contacto con gente nueva. Ya sea en las clases y en la escuela de idiomas, así como fuera de ella, conociendo la ciudad o interactuando con la familia en donde se ha sido alojado.

Esto no suele pasar en un viaje normal, por general en las vacaciones de siempre uno viaja en compañía de amigos o de familia y la posibilidad de conocer gente nueva se limita porque o no se conoce las costumbres o no se conoce la lengua.

A favor de la inmersión está que la gente que se conoce en la escuela es gente como uno, es decir, comparten las mismas expectativas al desear aprender una lengua por lo que se crea empatía y por otro lado, ellos están aprendiendo también, de modo que la vergüenza al hablar se queda de lado.

Además, el aprender un idioma como el inglés en Londres o el francés en París, brinda la  oportunidad de que en un nuevo viaje uno tenga mayor facilidad para moverse por el lugar que ya visitó, así sentirá más independencia al  moverse por sí solo e incluso, al conocer ya la ciudad, pues se vivió ahí por un buen tiempo, uno estará más seguro de lo que desea hacer o no hacer.

La oportunidad de aprender a hablar una lengua siempre ofrecerá al estudiante un sentimiento de autosuficiencia cuando viaje a un lugar nuevo, pues conocerá el idioma y será capaz de valerse por sí mismo, del mismo modo en que tendrá la oportunidad de interactuar con otras persona s y conocerlas realmente.

Escrito por gaddi el 14 de December de 2007 con 0 comentarios
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Viajes de fin de año..¿Aprender inglés?

Ya se acaba el año y todo el mundo prepara sus maletas para algún viaje con el que aprovechar las vacaciones. Y claro, sin duda alguna cualquiera estará más que emocionado en elegir algún destino turístico exótico o suficientemente reconfortable para pasar unas semanas de descanso.

Pero también sabemos que muchas veces las vacaciones son solo un lapso corto de tiempo en el que ‘no hacemos’ nada y de las cuales regresamos más cansados que descansados y con una ligera sensación de ‘no haber aprovechado’ el tiempo libre en algo que valga la pena.

Sin embargo a la hora de pensar si quiera en ‘hacer algo productivo’ durante esta temporada pareciera sonar a ‘no tener vacaciones’, ya que nadie pensaría en quedarse trabajando en casa o en pedir trabajo extra que llevar a las vacaciones.

Pero, quizá no sea mala idea pensar en hacer algo productivo y que no sea realmente molesto en esta época. Y los viajes lingüísticos son una excusa perfecta para no desaprovechar las vacaciones, elegir un lugar interesante que visitar y al mismo tiempo invertir el dinero en algo que a la larga valdrá la pena, que es aprender un idioma.

Y todo el mundo sabe lo importante, o lo demandado, que es ahora el inglés. Y también, todo el mundo es conciente que quizá no haya aprendido el idioma como debería, ya sea por falta de dedicación a las lecciones o por unas malas clases del idioma.

Por eso, aprovechar este corto tiempo que implican las vacaciones de fin de año, ya sea ahora o a comienzos del siguiente año, son excelentes para hacer un hueco en esa apretada agenda del 2008 que ya se empieza a llenar, y cortar por lo sano con esa cruz que a veces significa aprender inglés.

Ahora, los viajes lingüísticos no son para nada aburridos ni siguen el mismo formato que un curso normal de inglés. Para empezar uno elige el destino en donde planea recibir las lecciones.

En el caso del inglés, pues hay muchos lugares que vale la pena visitar a fin de año como Nueva York, Reino Unido o hasta la poco conocida Irlanda. En cualquier de estos destinos se pueden encontrar ofertas de escuelas de idiomas que ofrecen clases de inmersión lingüística. Y el tiempo y los costos son variados de modo que uno puede decidir sobre ellos de acuerdo a lo que le convenga.

Estando en una ciudad diferente hay mucho por conocer al mismo tiempo que se aprende el idioma. Además, lo bueno de estos viajes es que uno tiene la posibilidad de estudiar el idioma en todo momento, así tendrá la posibilidad de ponerlo en práctica y mejorarlo, e incluso, ya que el idioma se va haciendo parte de la vida cotidiana, se hace más llevadero que solo asistir a unas clases normales en cualquier instituto de la localidad donde se vive.

Combinando las vacaciones de siempre con la experiencia de aprender un idioma tan importante pero sin dejar de lado la diversión, uno puede hacer de las vacaciones de fin de año una experiencia que valga la pena en todos los aspectos.

Escrito por gaddi el 11 de December de 2007 con 0 comentarios
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Aprender idiomas en el extranjero: lo bueno y lo malo.

Hay dos palabras que se han hecho muy populares: ‘inmersión lingüística’, que no es otra cosa que viajar al extranjero para estudiar una lengua.

Todos hemos pasado en algún momento por la batalla (ganada, perdida o empatada) de aprender inglés, o en su defecto, alguna otra lengua (ya sea francés, alemán o hasta chino).

Por eso, de esas experiencias, buenas o malas, sabemos que aprender un idioma es casi como asistir al colegio nuevamente. Pues hay que dedicarle tiempo y atención al aprendizaje para que surta efecto.

Los programas de inmersión lingüística se han preparado para poder brindar al estudiante de idiomas, la oportunidad de aprender la lengua en un ambiente distinto al clásico.

La oferta es simple, aunque compleja en esta sencillez. Se trata de que si se desea aprender, inglés (por ejemplo), se viaja a alguno de los países que hablen dicha lengua, para estudiar por unos meses en una escuela de idiomas mientras se convive en el contexto social de la lengua.

Se cree que esta convivencia ayuda a que el estudiante aprenda con mayor naturalidad el idioma debido a que está en constante contacto con ella, de modo que no deja en ningún momento de aprenderlo.

Lo bueno de la inmersión lingüística tiene que ver con lo dicho arriba, el medio en que uno se encuentra en el extranjero, ejerce influencia sobre uno de forma distinta a si uno se quedara en casa, recibiendo lecciones de hora y media y luego volviera a su entorno lingüístico habitual.

Hay estudios que indican que en estos programas de inmersión un estudiante puede llegar a aprender en unos meses lo que le toma un año completo de lecciones ordinarias. Conocer nuevas personas, estar en un ambiente nuevo y además tener que relacionarse por sí mismo y poner en práctica sus conocimientos del lenguaje en conversaciones cotidianas, ayuda a que la persona vaya interiorizando fórmulas gramaticales, conjugaciones y demás, que en un contexto ‘normal’ le llevaría más tiempo.

Lo ‘malo’ de las inmersiones empiezan con una mala selección de la escuela de idiomas a donde se piensa ir. Por lo que uno debe asegurarse siempre de las garantías y de que todos los documentos de dicha institución estén en regla y si se puede asegurar la seriedad y compromiso de la escuela por conocidos de primera mano, mejor.

Por otro lado, la inmersión lingüística propone una exigencia mayor como individuo al estudiante. Vivirá solo por un buen tiempo, de modo que debe estar dispuesto a aprender a relacionarse con sus compañeros, a tomar decisiones adecuadas que no afecten ni su rendimiento ni su vida personal, además el nivel de exigencia y compromiso también corre por cuenta del alumno. Si el estudiante no se motiva a participar en clases, practicar el idioma por medio de las pláticas, y cae en la trampa de buscar conocidos que hablen el idioma, entonces la experiencia no pasará de ser un simple viaje turístico y ya.

El reto de este tipo de aprendizaje está estrechamente vinculado a las capacidades y habilidades personales de cada estudiante, de modo que es también un reto personal el ser capaz de aprovechar un experiencia que ofrece la posibilidad de aprender un idioma de una forma novedosa y divertida. 

Escrito por gaddi el 6 de December de 2007 con 0 comentarios
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Aprender idiomas y conocer personas.

Cuando nos hablan de la importancia de los idiomas siempre resaltan lo que parece ser más relevante.

Si uno quiere tener acceso a mayor información o, en muchos casos, a información de primera mano, debe procurar, al menos, tener conocimientos de inglés para la lectura y escritura.

Y si uno quiere tener ofertas laborales más amplias, si uno desea tener la oportunidad de hacer negocios en el extranjero o de trabajar en otros lugares, entonces debe poseer conocimientos de inglés, francés o alemán, como mínimo.

Pero los idiomas no son solo herramientas útiles para los aspectos más formales de nuestras vidas. Aún cuando los argumentos que se ofrecen sobre ellos sean los más lógicos. 

Muchas veces se olvida que otro de los aspectos fundamentales de estudiar otras lenguas es, precisamente, que se ‘aprende’ un idioma nuevo para poder comunicarse con otras personas.

Claro que este último aspecto es el menos tocado cuando uno decide estudiar una lengua, por la simple razón de que la pedagogía para la enseñanza de idiomas suele tener debilidad a la hora de entrenar al alumno en este campo.

Es decir, en cualquier instituto de idiomas o escuela de lenguas, uno puede encontrar una buena enseñanza a nivel de lectura, escritura y comprensión de textos.

Sin embargo resulta mucho más complicado para alguien que solo toma clases unas cuantas horas al día y luego vuelve al entorno lingüístico de siempre, adquirir una pronunciación correcta y fluida del idioma que se aprende, del mismo modo en que es complicado que se pueda hablar con naturalidad, ya que no se ha tenido tiempo de practicar como es debido.

Y junto a este descuido en los aspectos ‘comunicativos’ de los idiomas, encontramos que se pierde una gran oportunidad. Mientras que para los estudios o los negocios, los idiomas son herramientas, para las relaciones sociales, el conocer inglés, francés o alemán, puede significar una fuente valiosa para poder conocer nuevas personas.

Y el conocer gente diferente no es una cuestión de deporte o negocio, al contrario, las relaciones sociales son muy importantes a la hora de desarrollar la salud mental de cualquier individuo. Muchas veces las personas se ven cohibidas por su medio y se crean una imagen de ellos mismos de la que no pueden salir con facilidad.

Esto se traduce en algunos casos, en personas tímidas e introvertidas a las que les cuesta hacer amigos o relacionarse en los entornos sociales.

Sin embargo, el espacio de la inmersión lingüística y los viajes al extranjero, pueden ayudar a que las personas venzan la timidez y los prejuicios auto impuestos, al tener la oportunidad de expresarse en un medio novedoso.

Por otro lado, la experiencia de los idiomas no implica solo una simple terapia, es también beneficioso pues las personas experimentan un sentimiento de responsabilidad al estar solos así como de cooperatividad al conocer a otras personas y aprender a relacionarse con ellas.

Incluso los ambientes nuevos ayudan a que las personas se sientan mucho más libres para poder expresarse ellas mismas sin los prejuicios con los que los miraban las personas que ya les conocían. Además, hay quienes encuentran pareja sentimental al viajar a otro país y tienen la oportunidad de conocer otras culturas.

 

Escrito por gaddi el 3 de December de 2007 con 0 comentarios
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